El Rey Alfonso X

Lo único que le reportó fueron conspiraciones por doquier, en más de un caso procedentes de su propia familia. A su hermano Felipe lo desterró junto con otros nobles por encabezar una conspiración con ánimo de destronarlo. Felipe murió pocos años después. Su sepulcro, en Villalcázar de Sirga, ha sido interpretado como un último desafío a su hermano ya que la riqueza ornamental y toda la parafernalia representada, es más propia de un rey que de un noble.

Hizo ejecutar a su hermano Fadrique aunque su caso nunca fue suficientemente aclarado; todo apunta a que el motivo fue un pecado inconfesable ya que ordenó a su hijo Sancho que lo prendiera junto a uno de los nobles más influyentes: don Simón Ruiz, señor de los Cameros. A su hermano lo mando ahogar en el castillo de Burgos y después enterrarlo bajo una porqueriza de cerdos. Cierto es que ambos formaban parte de un núcleo de conspiradores habituales pero lo de la porqueriza de cerdos y un verso de la cantiga 235 que reza: Y así como arde la vela, ardió la carne de aquellos que no desean mujer, sugiere que además de la existencia de una conspiración existían otros motivos; de hecho, al señor de los Cameros lo mandó quemar cerca de Logroño. Además los castigos que imponían Las Partidas contra los homosexuales eran durísimos ya que se pensaba que atraían el castigo divino si eran consentidos. Los hechos sucedieron en 1277 cuando los Benimerines por un lado y Francia por otro presionaban las fronteras del reino y tras la muerte del primogénito, Fernando de la Cerda; este suceso iba a desencadenar el último gran disgusto del rey ya que -según Las Partidas- la sucesión del reino debía recaer en el primogénito y si éste moría, en sus hijos. Así, el rey Alfonso se convirtió en el garante de la candidatura de su nieto frente a su otro hijo, Sancho, que para terminar de complicar las cosas se había convertido en un héroe nacional cuando después de la muerte del primogénito y estando ausente de Castilla el rey Alfonso, había organizado la defensa del reino frente a los Benimerines que aprovecharon la coyuntura para cruzar el Estrecho. El futuro Sancho IV El Bravo, contaba entonces 17 años.

En 1282, la sublevación del infante contra su padre ya era efectiva con el apoyo de la nobleza, de las órdenes militares, de la Iglesia incluyendo el monacato y, sobre todo, de las ciudades y sus concejos. También la reina se había puesto de parte de su hijo y en contra de su esposo. Alfonso X murió sin haberse reconciliado con su hijo en 1284, en Sevilla, la única ciudad que no le abandonó y siempre le fue fiel y donde fue enterrado junto a sus padres por expreso deseo suyo.

Por lo que concierne al gobierno de su reino tan solo voy a destacar unos breves apuntes, para terminar. Alfonso continuó con el Repartimiento de Sevilla que su padre había comenzado tras la toma de la ciudad, origen de la estructura latifundista andaluza. También su padre había comenzado un proyecto por el que Alfonso mostró un gran interés: tener una flota propia; de la corona, se entiende. Después de la intervención de la flota del Almirante Bonifaz en la toma de Sevilla, que en realidad era una flota privada de navegantes del norte de España, los reyes castellanos se plantearon la necesidad de contar una Armada que Fernando III comenzó a construir en la misma ciudad de Sevilla. El propósito era controlar el Estrecho de Gibraltar para evitar nuevas invasiones. Con este fin, Alfonso X puso en marcha el último de los grandes proyectos ya señalados, que en esta ocasión correspondió a Murcia, más concretamente a Cartagena, creando una orden militar naval que sería derrotada estrepitosamente pocos años más tarde en una campaña que pretendía tomar Algeciras 46); tras el fracaso, fue reabsorbida por la Orden de Santiago. La Orden de Santa Ma de España también llamada de La Estrella tuvo su centro en Cartagena y casas repartidas por distintos puertos del reino. La patrona de Cartagena fue también la de la Orden: la Virgen de Rosell. Las Órdenes Militares gozaron, como no podía ser de otro modo, de la protección de la corona.

Finalmente, Alfonso X estableció y privilegió (hoy ya se sabe que no fue exactamente una fundación) El Honrado Concejo de la Mesta en 1273 para organizar la trashumancia y las explotaciones ganaderas; con esta última referencia e imagen termino, deja de ser una curiosa coincidencia que nuestro Centro, que lleva el nombre del rey, esté ubicado en lo que fueron las antiguas dehesas de Benquerencia cuya explotación estaba repartida entre varias Órdenes Militares.

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